Por José López Zamorano

Para La Red Hispana

Desde que llegué a los Estados Unidos hace mas de dos décadas, no había tenido oportunidad de votar en las elecciones de mi país, México. Entonces era muy complicado, casi imposible, obtener la credencial de voto para quienes vivimos en el exterior. Por fortuna las reglas cambiaron y pude obtener este año mi credencial del INE en un proceso sencillo y eficiente.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional Electoral (INE), un total de 181, 256 mexicanas y mexicanos que residen fuera de México han sido certificados para participar en las elecciones del primero de julio, que no sólo ponen en juego la presidencia, sino 4 gubernaturas (Puebla, Jalisco, Michoacán y Guanajuato) y la Ciudad de México.

Aunque cientos de miles de mexicanas y mexicanos obtuvieron su credencial del INE, no todos completaron el proceso de registro. Otras y otros venían con su credencial vigentes desde México y también son elegibles para emitir su sufragio.

Es verdad que la cifra total de votantes mexicanos “certificados” es mínima si asumimos qué hay mas de 10 millones de mexicanos que residen fuera del país, pero se trata de un número récord que triplica al total de votantes que participaron en las elecciones presidenciales del 2012.

Hay razones de sobra para votar. Es un ejercicio cívico vital para el proceso democrático. Es cierto que la democracia no se agota a la hora de emitir el sufragio. Pero es un paso fundamental.

Los exiliados también queremos hacer valer nuestra voz para influir en el futuro del país, después de todo, quienes salimos de México seguimos siendo un pilar importante para la economía. Sólo el año pasado enviamos más de $28,000 millones de dólares en remesas que ayudan a sostener a millones de familias mexicanas.

Y como es lógico, la abrumadora mayoría de los mexicanos exiliados que estamos certificados para votar vivimos en Estados Unidos. Estamos hablando de mas del 80%, el resto en Canadá, España, Alemania, Francia y el Reino Unido, principalmente.

Tengo frente a mi el paquete electoral que me llegó desde la Ciudad de México por paquetería. Hay que regresarlo por la misma vía antes del 29 de junio. Debo reconocer que me embarga la emoción conforme decido mi selección, porque siento que de alguna pequeña manera estaré dando mi voto para influir en el futuro de mi país.

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