Guzmán Loera y García Luna: ¿Señales de lo que viene?
Por: Oscar Müller C.
23 horas del día encerrado en un cuarto de 2 por 3 metros, sin contacto con otro ser humano y con solo una hora para una caminata solitaria en un patio cerrado. En la celda solo hay una pequeña rendija de diez centímetros con vista al cielo, para impedir que el reo pueda ubicarse.
Ese es el día a día de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, en la prisión ADX Florence, conocida como: “El Alcatraz de las Rocosas”, en los Estados Unidos; un reclusorio que cuenta con una seguridad extrema.
Guzmán Loera lleva recluido en esa prisión desde hace seis años y se le han acrecentado las restricciones: en un inicio tenía la posibilidad de hablar dos veces al mes por 15 minutos cada una con sus hijas, pero este derecho se le eliminó en mayo de 2023, al igual que recibir visitas de su esposa Emma Coronel. Ha presentado solicitudes para el cambio de condiciones y esto le ha sido negado.
En noviembre de 2025, se dio a conocer que otro recluso, de origen italiano, condenado por cuantiosos fraudes, Salvatore "Sammy" Sabatino y Guzmán, entablaron amistad hablándose entre ellos a gritos de una celda a otra; ambos estaban en el mismo complejo, compuesto de 4 celdas, y Sabatino, que habla un poco de español, servía de traductor entre Guzmán y los guardias.
En noviembre de 2025, el abogado de Sabatino solicitó que se les permitiera tener contacto e interacción entre ellos, para reducir el impacto del grave aislamiento al de su cliente; la respuesta de las autoridades penitenciarias fue drástica: en lugar de evaluar la petición, reubicaron a Guzmán Loera a otra sección de la prisión y con ese traslado, el gobierno cortó de tajo la única vía de socialización que el capo mexicano había desarrollado en años.
Este tipo de reclusión ha sido considerado por organismos de Derechos Humanos como una forma de tortura psicológica o trato cruel e inusual. El aislamiento prolongado genera, de manera sistemática, patologías severas como: la pérdida de la noción del tiempo y desorientación espacial; alucinaciones auditivas y visuales, con delirios paranoides; un deterioro cognitivo severo y dificultades extremas para articular el lenguaje debido a la falta de uso, así como depresión clínica profunda e ideación suicida.
Esta reclusión llamada “la muerte en vida”, ha sido considerada por el gobierno estadounidense como ejemplar, es decir como una advertencia a quienes se encuentran en las mismas condiciones delincuenciales que Guzmán, de ahí que los criminales mexicanos relacionados con las diversas formas de crimen organizado que llegan a EEUU, prefieran cooperar que guardar silencio, como ha sucedido con los propios hijos de Joaquín y Ovidio Guzmán López, Jesús y Vicente Zambada, Nemesio Oceguera y su hijo “El Menchito” o Edgar Villarreal, por mencionar algunos.
El otro caso que consideró impacta la política de Estados Unidos hacia México, aunque de forma distinta, es el de otro huésped de “El Alcatraz de las Rocosas”, Genaro García Luna, quien fue jefe de la Policía Federal y luego Secretario de Seguridad, en sexenios de Fox y Calderón; este caso presenta circunstancias especiales:
García Luna recibió reconocimientos, por parte de la DEA, en agradecimiento por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico, y del FBI, por su trabajo conjunto en la investigación y arresto de fugitivos, así como de organismos internacionales con fuerte presencia estadounidense, como la Asociación Internacional de Analistas de Inteligencia para la Aplicación de la Ley, que le otorgó el Premio al Servicio Profesional por su soporte a las funciones de análisis de inteligencia. Todo esto en 2004.
García Luna, al concluir su período con Felipe Calderón en 2012, se trasladó a vivir a Estados Unidos, donde obtuvo residencia primero como inversionista y posteriormente de manera permanente. En aquel país creó empresas relacionadas con la seguridad, tanto en el ámbito de servicios como en el de software; además, participó en diversos foros internacionales, impartió conferencias sobre seguridad global y mantuvo vínculos con instituciones educativas en la región de Florida.
El 9 de diciembre de 2019, fue detenido y llevado a juicio ante el juez Brian Cogan, quien también llevó el caso de Guzmán Loera y lleva el de Ismael “El Mayo” Zambada. La base de la acusación contra García Luna, fueron los testimonios de miembros de cárteles como Sergio Villarreal "El Grande" y Jesús "El Rey" Zambada. Nunca antes se había procesado a un exfuncionario mexicano de ese nivel en los EEUU, quien, además, por la naturaleza de sus cargos, era un aliado estratégico con las agencias de seguridad de aquel país.
García Luna se negó a negociar y se declaró no culpable, pero el jurado consideró que las pruebas eran suficientes para determinar su responsabilidad, siendo condenado a 38 años y 4 meses de prisión.
A esta fecha, el caso se encuentra en apelación, en la que la defensa ha alegado que los testimonios de los narcotraficantes no son creíbles, que se les ocultaron pruebas que exculpaban al reo, que el juez indebidamente limitó los contrainterrogatorios y que la sentencia está fuera de lo racional y lo acostumbrado en casos como este.
Dos casos contra mexicanos ante la justicia estadounidense, uno con penas ejemplificativas y el otro, basado en declaraciones de criminales, contra quien fuera alto funcionario público en México.
Son las señales que está mandando EEUU: si eres delincuente de abajo, debes dar información y, si eres protector de aquellos, con lo que estos digan vas a ir a la cárcel y no va a ser agradable.
Todo huele a una estrategia para llevar a los políticos mexicanos, coludidos con el crimen organizado, ante la justicia. El seguimiento lo estamos viendo con los 10 de Sinaloa, pero, ante lo que se observa, no cabe duda de que esto va mucho más arriba, de ahí la defensa de lo indefendible que se hace desde Palacio Nacional.
¿Recuerda cuando López Obrador ordenó al ejército liberar a Ovídio Guzmán?